Frente a las violencias,
las Mujeres Indígenas se unen para sembrar justicia

México

Red Nacional de Abogadas indígenas

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En México, las Mujeres Indígenas encuentran muchas dificultades para alcanzar la justicia. La Red Nacional de Abogadas Indígenas (RAI), presente en 12 estados, ayuda a transformar esta realidad. Frente a la violencia de género, el despojo y el racismo institucional, la organización acerca acompañamiento jurídico intercultural, capacita defensoras indígenas y fortalece la justicia comunitaria.

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Convivir con las violencias y el despojo

Desafiando el sol y el cansancio, las Mujeres Indígenas Zapotecas de la comunidad de Lachixao, de Santiago Textitlán en Oaxaca, llegan al pequeño cuarto de paredes blancas y cortinas bordadas, ubicado en un enclave montañoso, lleno de casas multicolores. Allí funciona la Red Nacional de Abogadas Indígenas. Las hermanas viajaron por tierra durante ocho horas desde su comunidad para denunciar una violencia histórica: el despojo de sus casas y sus parcelas, algunas por no tener hijos y otras por ser madres solteras.

Sobre una larga mesa de juntas se apilan legajos judiciales en enormes carpetas verdes, que recuerdan que la justicia para los Pueblos Originarios es una deuda pendiente.

Así como las hermanas Zapotecas, todas las Mujeres Indígenas de México enfrentan múltiples violencias: familiar, vicaria, negación de pensiones alimenticias y de paternidad, despojo territorial. Para muchas de ellas, denunciar ha implicado enfrentarse a autoridades que no hablan su lengua, revivir la violencia sin garantías de protección y, en muchos casos, regresar a sus comunidades sin una respuesta efectiva del Estado.


Barreras visibles e invisibles

Son diversas las barreras que dificultan (o impiden) a las Mujeres Indígenas el acceso a la justicia: comunidades alejadas de los centros judiciales, racismo institucional, falta de intérpretes en lenguas originarias, desconocimiento de los sistemas legales y ausencia de defensoras con enfoque intercultural.

Pero una de las mayores barreras se genera, en gran parte, porque pocas Mujeres Indígenas han podido formarse como abogadas. La pobreza, la distancia de los centros de estudios, las tareas de cuidado y la brecha de género les impiden alcanzar una formación superior. Y esta barrera se traduce en la ausencia, dentro de los sistemas de justicia, de voces indígenas que comprendan las realidades comunitarias desde dentro.

Tejiendo redes

Con el objetivo de transformar esta situación, en 2011 surgió la Red Nacional de Abogadas Indígenas, que nació como un sueño en los cerros empinados y arenosos de Oaxaca, y hoy es una organización nacional presente en 12 estados mexicanos: Baja California, Chihuahua, Ciudad de México, Estado de México, Chiapas, Morelos, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Oaxaca, Puebla y Yucatán.

La RAI cuenta con abogadas de pueblos originarios y defensoras territoriales de las naciones Wixarika, Purépecha, Ódame, Zapoteca, Triqui, Ayuuk, Náhuatl, Maya, Chinanteco, Zoque, Otomí y Me´phaa. Estas profesionales acompañan a Mujeres Indígenas víctimas de violencia y trabajan con autoridades comunitarias para fortalecer una justicia intercultural, cercana y con enfoque de género.

Su objetivo es que las Mujeres Indígenas puedan acceder a la justicia sin abandonar su lengua, su territorio ni su identidad, y que los sistemas comunitarios de impartición de justicia cuenten con herramientas para prevenir la violencia de género y proteger la vida.

Al recordar el surgimiento de la organización en el municipio de Xoxocotlán, Flora Gutiérrez, abogada indígena Zapoteca, feminista y fundadora de la RAI, comenta: “A pesar de contar con una declaratoria de alerta (de violencia de género), en el ejercicio profesional de la abogacía, nos dimos cuenta de que el derecho legislado por el Estado era insuficiente para resolver de fondo los diversos problemas de violencia que enfrentan las Mujeres Indígenas en sus comunidades”.

La RAI y el Fondo Ayni: el impulso de la reciprocidad

La primera vez que el Fondo Ayni del Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI) las acompañó fue en 2022. Todavía se sentían en Oaxaca los estragos de la pandemia por el covid-19. Les costó mucho trabajo organizarse, porque estaban acostumbradas al abrazo, a mirarse a los ojos, acuerpadas.

Ese año, el grupo de base de la RAI había pensado una convocatoria de formación dirigida a 10 estados, pero acabaron respondiendo al llamado 25 estados, además de activistas de Guatemala y otros países de América Latina.

Durante tres meses, más de cien Mujeres Indígenas tomaron diferentes cursos y talleres, interesadas en profundizar sobre los distintos tipos de violencias hacia las Mujeres Indígenas, la lengua materna y el acceso a la justicia.

Este trabajo conjunto mostró que decenas de Mujeres Indígenas necesitan herramientas jurídicas para defenderse y defender a otras, y confirmó la urgencia y pertinencia del trabajo de la Red. Comenzaba a perfilarse la guía para autoridades comunitarias, que se concretaría con un segundo acompañamiento del Fondo Ayni en 2024.


Una herramienta indispensable

“Gracias a FIMI y al Fondo Ayni, pudimos crear la Guía para autoridades comunitarias en la resolución de casos de violencia de género, un documento de consulta para las autoridades que desempeñan un cargo de impartición de justicia al interior de los pueblos, que nos sirviera no solo para promover el acceso de las mujeres a la justicia comunitaria, sino para salvarles la vida”, sostiene Flora.

En efecto, la guía permite a las autoridades reconocer la violencia, actuar de manera oportuna y articular la justicia comunitaria con los marcos legales nacionales, salvando vidas en contextos donde el Estado no llega.

Su fuerza, explica Yuteita Hoyos Ramos (abogada mixteca, coordinadora general de la RAI), radica en que, con palabras sencillas, brinda información práctica y accesible, y en que puede ser utilizada como “herramienta de consulta rápida para las autoridades comunitarias que cumplen o desempeñan el cargo de impartición de justicia al interior de los pueblos o comunidades con profundas violencias sociales”.

Hacer de la defensa un recurso sostenible

En el patio de un hotel de Oaxaca, las abogadas y defensoras comunitarias de la RAI se encuentran después de varios meses. Celebran un seminario de justicia intercultural y antirracista, y discuten sobre los retos de las Mujeres Indígenas en el acceso a la justicia.

Con el apoyo del Fondo Ayni de FIMI, se promovió que los procesos de formación llegaran a los lugares más apartados. En ese contexto, María Sánchez, abogada indígena Zoque, se convirtió en 2023 en coordinadora de la RAI en Chiapas. Allí, María acompaña a las Mujeres Indígenas de su comunidad a enfrentar el racismo y el clasismo que aún perviven, y que durante siglos se perpetuaron mediante silenciamientos, golpes y hasta encierros.

Elizabeth Olvera, abogada Binnizá fundadora y excordinadora de la RAI, originaria del Istmo de Tehuantepec, fue designada (el 18 de octubre de 2025) directora de Justicia Intercultural en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, uno de los cargos más importantes dentro de los tres poderes del sistema político mexicano.

Conmovida por los hallazgos de la colectividad donde se formó, confiesa: “Tenemos que romper constantemente los estereotipos de una sociedad racial que construye desigualdades sistemáticas, por encima de las capacidades”.

Pensando en el futuro, agrega: “Queremos que la RAI sea un espacio sostenible económicamente porque la mayoría de las integrantes, a pesar de ser profesionistas, viven en la precariedad y hacen el trabajo con las condiciones mínimas de dignidad y seguridad, y en esto el papel de FIMI es fundamental, porque focaliza los recursos y les abre a las Mujeres Indígenas la posibilidad de cumplir sus sueños”.

Con la mirada encendida, concluye: “Con la ayuda del Fondo Ayni hacemos que nuestro trabajo sea sostenible, operativo, técnico y autónomo”.


Sembrar memoria entre las flores

Cae la tarde en los Valles Centrales de Oaxaca. Las mujeres de la RAI han aprendido a sembrar memoria. Se toman de las manos entre copal, semillas y flores para agradecer que juntas han podido atender a cientos de Niñas y Mujeres Indígenas víctimas de violencia de género. Además, han podido acompañar y sensibilizar a más de doscientas autoridades comunitarias de todo México en la impartición de la justicia. En esta tarea, resultó fundamental el apoyo del Fondo Ayni para construir una guía que comunicara en lenguaje accesible, cercano, cómo abordar las múltiples violencias que enfrentan las Mujeres Indígenas.

Hoy, la Red Nacional de Abogadas Indígenas no es solo un espacio de defensa jurídica: es un tejido vivo de saberes, lenguas y estrategias que ha logrado convertir la indignación en acción colectiva y la violencia histórica en procesos de justicia comunitaria.

Desde las montañas hasta los tribunales, la RAI ha demostrado que cuando las Mujeres Indígenas se organizan, la justicia deja de ser una promesa lejana y se vuelve una práctica cotidiana que salva vidas, transforma autoridades y reconfigura el poder en los territorios. Cada caso acompañado, cada autoridad formada, cada alianza construida confirman que la defensa no se ejerce en soledad, sino en colectivo.

En un país marcado por profundas desigualdades, la RAI siembra una certeza poderosa: cuando las Mujeres Indígenas toman la palabra y el derecho en sus propias manos, la montaña no solo alza la voz, también cambia el rumbo de la historia.

Trulli